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Presidente APIS en Diario Financiero: “Hay una oportunidad que no se está aprovechando”

Junto con destacar el estándar que lo ubica a un nivel sobresaliente en la región y a la par de los países desarrollados, la industria de equipos y dispositivos médicos chilena propone fórmulas para optimizar la dotación de los hospitales públicos, no obstante advierte del progresivo incremento de la deuda del sistema. Por Jorge Isla

 

Ya no es necesario viajar a las mejores clínicas del mundo para realizar algún tratamiento médico o diagnóstico que implique el uso de tecnología de punta, ya que en Chile es posible encontrar la misma innovación en el ámbito de la salud que en los países desarrollados, como grafica el creciente número de extranjeros que viajan para realizar procedimientos médicos. Es la mirada de la Asociación de Proveedores de la Industria de la Salud (APIS) a partir de su balance del estándar tecnológico de los equipamientos y dispositivos médicos disponibles en nuestro país.

 

“Somos una buena muestra de la tecnología que ingresamos al país, por ejemplo, los robots para cirugías, las aplicaciones en biología molecular, láser o implantología, como productos y soluciones en general que facilitan el trabajo de los profesionales de la salud”, señala Christian Hänel, presidente de APIS, gremio constituido en noviembre de 2015 y que actualmente reúne a 34 firmas de equipamientos médicos y de laboratorio clínico, insumos hospitalarios, implantes quirúrgicos, prótesis y órtesis, entre otros.

 

En este contexto, destaca la innovación introducida por la biología molecular que “está cambiando la forma de hacer diagnóstico en Chile, especialmente en la identificación de patógenos”, destacando los equipos de PCR (reacción en cadena de la polimerasa) que “permiten pesquisar de manera específica, en tiempo real, acortando los tiempos de proceso”, subraya. El presidente de APIS indica que estos exámenes permiten disminuir o evitar las hospitalizaciones innecesarias, acortan el número de días-cama, reducen la cantidad de procedimientos, limita el uso de antibióticos y ayuda a dirigir las terapias específicas contra virus respiratorios o de transmisión sexual, y diagnóstico de meningitis virales y bacterianas, así como de leucemias y cánceres de pulmón, mama y colon. “Vemos la salud en una perspectiva amplia: no sólo traemos tecnología para profesionales de la medicina exclusivamente, sino también soluciones para la gestión administrativa y el beneficio de los pacientes”, enfatiza.

 

Frente a esta disponibilidad que existe en el país, ¿hay una oportunidad que no está aprovechando el sector público? 

Si bien el sector público tiene que ser selectivo y discriminar donde pone sus recursos y sí ha implementado tecnologías de punta en casos que realmente lo ameritan, hay una oportunidad que no se está aprovechando. Por ejemplo, en biología molecular se hace el test de carga viral que permite determinar si se puede reducir o aumentar los antivirales a los pacientes, lo cual apunta a un concepto holístico: voy a gastar más en este test de biología molecular para medir la carga viral, pero genera un ahorro en los antivirales y una mejor calidad de vida al paciente. Esto puede tener impacto entre los infectados con VIH, ya que el 80% de la población se atiende en el sistema público.

 

¿Cuáles son las mejores muestras del estándar tecnológico de la salud chilena?

En términos generales, el sector privado tiene la posibilidad de tener un estándar en tecnología mejor que el ámbito público. Si bien la tecnología está disponible para los hospitales, y muchos establecimientos públicos están muy bien equipados, siempre les falta algo ya que las carencias eran, y siguen siendo, mucho mayores, por factores como las obligaciones derivadas del Plan Auge o la falta de médicos y camas, factores que inciden en la calidad.

 

¿Cuáles son las falencias más comunes que observan en los hospitales?

Por ejemplo, en muchas ocasiones la UCI tiene una capacidad de diez camas, pero no todas están habilitadas al nivel necesario, ya que no tienen considerada la reparación y mantenimiento en sus presupuestos, o bien por deficiencias en la gestión. Generalmente, los equipos médicos tienen una vida útil de 10 años, y aunque tecnológicamente pueden tener una obsolescencia en menor plazo, eso no significa que no se puedan utilizar. Somos proclives a que haya un mayor mantenimiento en los hospitales

 

“LOS PLAZOS PROMEDIO DE PAGO EN EL SECTOR SALUD SE HAN ALARGADO, POR LO MENOS, EN 30 DÍAS. ESO ES GRAVE, PORQUE AHORA RONDAMOS UN PROMEDIO DE 150 DÍAS DESDE LA FECHA DE EMISIÓN DE LA FACTURA”.

 

CHRISTIAN HÄNEL, PRESIDENTE DE APIS.

 

¿Cómo mejorar la toma de decisiones?

Respecto de las compras, estas se pueden hacer más eficientes. Una de las trabas que tiene el sistema público es que ven las asignaciones de presupuesto y las soluciones de manera aislada: si en un laboratorio hay un producto, método o técnica que cuesta más pero disminuye los días-cama, existe un ahorro neto para el hospital. Sin embargo esa visión holística no es muy recurrente en el sector público, y esa es una traba para la tecnología nueva.

 

¿De qué manera ha evolucionado la deuda del sector público con los proveedores?

Pensamos que hemos avanzado bien poco y prácticamente nada, si bien lo hicimos en algunos que estaban muy atrasados, desde la mesa de trabajo que iniciamos con el Minsal en mayo de 2016. Desde el ministerio nos han dicho: los servicios de salud son autónomos, lo cual nos parece bien para que tomen sus propias decisiones, pero, por otro lado, también hay que fijarles ciertas normas que vemos que no son adoptadas por los hospitales en términos del tema de la deuda.

 

¿Cuál es el balance de este proceso a la fecha?

De la información entregada por un total de 28 empresas, el Minsal llegó en la penúltima sesión de la mesa de trabajo con tres empresas que habían conciliado, y ni siquiera el 100% de la deuda. El tema sigue siendo una preocupación muy grande, y en los últimos dos meses, los plazos promedio de pagos se han alargado, por lo menos, en 30 días. Eso es grave, porque antes teníamos en el sector salud un promedio de pago de 120 días y ahora rondamos los 150 días desde la fecha de emisión de la factura. Y el problema es que las empresas tienen que entrar a financiarlo.